Tenga una flor, bella dama, para que deje de llorar, que haga solazar su espíritu y una sonrisa brotar.

La palabra flor deriva del latín florem, acusativo de flos < flors. La etimología más probable dice que deriva de una raíz indoeuropea, bhla- o bhlo-, que significa “inflarse, expandirse, abrirse”, y por extensión “brotar”, sea de la tierra, del agua, de la piel o incluso de la boca. Esta raíz mantuvo el sonido “b” en las lenguas germánicas, y de ahí deriva el alemán blume y el inglés bloom, la palabra tradicional para referirse a las flores antes de la extensión del galicismo flower. Incluso en esta última lengua tenemos también la palabra blow, que aunque lo traduzcamos normalmente como “soplar, aspirar, succionar” originariamente significaba “inflar la boca de aire”. Ya ven que cuando a usted le practican un blowjob, una mamada, en puridad le están hinchando los huevos. No obstante, la palabra que más nos afecta en este caso es la propia brotar, que posiblemente deriva del germánico bruton < bluton, “crecer”. La trasliteración entre la “r” y la “l” es un fenómeno muy corriente, como bien nos indican los chistes sobre chinos.

En griego, esta misma raíz derivó en palabras de poco uso corriente hoy día, pero que se emplean en terminología científica: blastos “germen [que brota de la tierra]” (como en blastema, “células embrionarias”, o blastodermo, “células en forma de membrana procedentes de la segmentación del huevo”); o bryos, “musgo”, como en briofito, que es el orden botánico al que pertenece el musgo. Por otro lado, la aspiración que ya comentamos del sonido “bh” derivó finalmente en el sonido “ph”, y así tenemos phlykhtaina > flictena “pústula, ampolla [que brota de la piel]”; y también phyllon, “hoja”, y del que proceden algunos términos botánicos comenzados por filo- (no confundir con el homónimo que significa “amigo de”, como filosofía o francofilia).

En latín, el sonido “bh” se aspiró en la “f”, y de ahí viene nuestra flor y sus derivados, como florido o floral. Y también viene foliumhoja, folio”, que es el equivalente latino del ya visto phyllon, con su derivado follaje, que también crece y se expande, y de la cual nacen las flores. Pero quizá no venga Flora, la diosa de la vegetación, sino que es posible que derive del griego chlora, que significa “verde” (como el cloro y la clorofila), y que por una confusión de nombres se identificó más tarde con la diosa de las flores; a ustedes no les crecen claveles en la tripa, ¿verdad?, aunque sí una serie de bacterias vegetales que se denominan flora intestinal. Chlora se pronunciaba “jlora”, y así como la “f” latina se convirtió en español en “j” y luego en “h” muda, el fenómeno contrario es perfectamente lógico. Sin embargo, ni de flor ni de flora deriva floresta, la cual es una mala pronunciación del francés forest > forêt “bosque”, que tiene una raíz diferente.

Muy bien, bella dama. Un galán se ha acercado y le ha obsequiado con un brote de colorines, es decir, una flor. Al mismo tiempo ensalza su hermosura y donaire, su gracia al caminar y su fiereza al foll… Tal conjunto de alabanzas es lo que, como ya sabrá, se denomina echar flores, porque estas son el símbolo de la belleza natural. Usted sonríe ligeramente y agradece al caballero su floreo, es decir, que sus halagos serán todo lo bonitos que él quiera, pero en realidad son palabras huecas, vanas y supérfluas, un exceso de verborrea como una flor de enormes pétalos que esconde una mísera semilla, que es lo que de verdad importa.

No obstante, el seductor no se da por enterado, y ante sus palabras se siente transportado a la época de d’Artagnan y sus galantes mosqueteros. Quisiera tener en las manos un florete, sin darse cuenta de que era un espadín con el que entrenaban las mujeres y los imberbes, y que para su protección no tenía filo, y además terminaba en un botón de cuero que semejaba el brote de una flor sin pétalos, es decir, una florecilla. Entonces sacaría el florete y haría unos movimientos con ella para impresionarla, pero como no tiene punta lo que haría sería ondear la florecilla, es decir, florear, realizar un floreo, que ya vemos cómo puede tener un doble significado. Y otro más, porque esta vibración que se ejerce con la punta del florete, y por extensión de cualquier espada, ha trasladado su significado a cualquier otro movimiento metálico, como puede ser el rasgueo de una guitarra; un cante flamenco, por ejemplo, con el cual realizar todo tipo de florituras, que literalmente significa “florecimiento”, pero que lo usamos para referirnos a cualquier adorno precioso pero innecesario, como la flor de un jardin.

Ya ve lo que da de sí un simple brote, florecilla indomable en la flor de la edad, que quizá añore la flor de su virginidad, aunque tenga la sensualidad y el deseo siempre a flor de piel.