¿Cuándo fue la última vez que ustedes gritaron ¡hurra!? ¿Fue una manifestación incontrolable de alegría por ver un triunfo de la selección española, o se lo dedicaron a ustedes mismos en secreto después de que por fin hicieran un trabajo satisfactorio en la cama?

La verdad es que en estos tiempos el grito de ¡hurra! ha caído en descrédito, bien porque hay pocas cosas tan palmariamente exitosas que merezcan gritarlo y oírlo, bien porque una excesiva manifestación de júbilo suena a espíritu infantil, propio de pipiolos sin mucho mundo o de beatos que se deshacen ante una estatua de madera. Pero hay que tener en cuenta que, en un principio, hurra no era una demostración de alegría, sino un grito de ánimo que buscaba excitar el entusiasmo; así que equivalía a expresiones con menos pedigrí pero con mucha mayor capacidad de tocar la fibra sensible, tales como “¡venga, cojones!” o “¿es que no tenéis huevos, panda de maricas?”

La palabra hurra viene del inglés hurrah, y hay un consenso general sobre que fue esta lengua la que la popularizó por todo el mundo. ¿Pero cuál es la etimología de hurrah? Aquí nos podemos encontrar con varias explicaciones, que quizá estén todas relacionadas.

Según la mayoría de los anglosajones, en un principio se utilizaba la expresión marinera huzzah, la cual derivaría a su vez de un vocablo medieval, hisse, que significa “arriba, con fuerza”, y que se empleaba especialmente a la hora de levantar un gran peso; como un fardo en la bodega de un barco, o las pesadas velas para huir de los piratas. Fue durante la Guerra de los Treinta Años, en el siglo XVII, cuando el cielo europeo se llenó de un nuevo grito de guerra, ¡hurra!, “¡coraje”!, nacido de las gargantas alemanas, danesas y suecas. De modo que los ingleses adoptaron el nuevo grito, pero conservaron también el significado de su anterior huzzah.

Así que, en última instancia, el origen de esta palabra es germánico, con lo que nos quedamos igual de ignorantes que antes. Como no significa nada, es posible que la cogieran como préstamo de alguna lengua vecina, posiblemente eslava. Y en efecto, ya en la Edad Media nos encontramos voces como la rusa ura y la polaca hura, que significan lo mismo. ¿De dónde vendrán? Una teoría es que provienen de la expresión hur-aj, que significa “al paraíso”. Sería un grito de guerra de las tropas rusas, en especial los famosos cosacos, derivado de la antigua idea de que el hombre que muere en combate va directamente al cielo.

Esta idea puede tener origen escandinavo; quizá no lo sepan, pero el estado ruso nació de un grupo de vikingos suecos paganos establecidos en la ruta comercial entre Novgorod y Constantinopla, cuyos descendientes gobernaron esos principados durante más de quinientos años. Pero Rusia también fue conquistada por un pueblo guerrero y pagano, los mongoles, en cuya lengua nos encontramos con el grito de guerra urra. ¿Y qué significa? Pues no lo sabemos, aunque lo más probable es que sea una onomatopeya, es decir, nacido por imitación de un sonido natural, como puede ser un rugido: “grrrrr”. En verdad, el origen más probable de hurra es que sea un simple rugido para enardecer a los guerreros y asustar a los enemigos. De igual modo, en una lengua vecina y emparentada con el mongol, el japonés, nos encontramos con la voz uraa, que es igualmente un rugido y un grito de guerra.

¿Y de dónde viene la expresión hip, hip, ¡hurra!? Se sabe que hip deriva de hep, y que la expresión hep, hep se usaba en los pogromos antisemitas del siglo XIX para azuzar a los judíos europeos. Una teoría es que es un acrónimo de Hierosolyma est perdita, “Jerusalén está perdida”; y si a eso le añadimos la anterior explicación de que hurra proviene de huraj, “al paraíso”, el grito completo sería una llamada a matar infieles (los que habían hecho caer Jerusalén) para ir directamente al cielo. Pero la verdad es que hep parece ser otro sonido onomatopéyico, semejante a nuestro “Hey, eh”, con el que los pastores azuzaban a los rebaños para conducirlos por donde querían. Así que la expresión hip, hip, ¡hurra! significaría en su origen algo así como “hey, hey, ¡venga!”, y que luego emplearían los antisemitas para acorralar a los judíos como si fuesen ovejas.

Así que ya ven: de un rugido de guerra hemos pasado a un grito infantil de júbilo; de una expresión propia de pastores, hemos derivado en una exclamación de cumpleaños. Así es el mágico y chusco mundo de la evolución de las palabras.