A todos ustedes, supongo, les gustaría que en el juego erótico les dijesen “qué malo eres”, mientras su compañera esgrime una sonrisa de tímida lascivia ante sus requiebros. Es también de suponer que esa misma expresión, si además va acompañada de un vocativo tal que “tío” o “chaval”, no les gustará nada si brota de unos labios fruncidos y decepcionados tras una sesión insatisfactoria de abdominales. ¿Es usted malo, o sólo está mal?

No está clara la etimología de malus. Una teoría la relaciona con el griego melas, melanos, “negro, oscuro”, que originariamente significaba “manchado”, y que es afín a palabras de otras lenguas indoeuropeas que significan “inmundo, sucio, puerco”. Pero otra hipótesis se fija en la raíz del griego malakos “blando, lánguido, débil”, es decir, “enfermo”, de la cual procede malagva > malgva > malva, “blando, lánguido”, como esas flores moradas que se dejaban reblandecer y marchitar para usarlas como cataplasmas. No se lancen a imaginar que esta palabra tiene relación con el hebreo Malaquías, “mensajero”, no con el árabe Malik, “rey”. Probablemente ambas palabras estén relacionadas, ya que en la antigüedad los enfermos no vivían en el mundo aséptico y esterilizado de los hospitales modernos, y así malo ha reunido los dos significados que tiene en la actualidad: lo que es nocivo tanto para la salud del cuerpo como para la limpieza del alma.

Hay diversos grados del mal, según nazcan del corazón, del pensamiento, o de las acciones realizadas. Vamos a verlos.

Alguien que tiene la disposición natural a hacer el mal es maligno, derivado de < maligenus, que significa “creador, engendrador del mal”. Protegeos del Maligno y su ponzoña. Algo que es malo nada más nacer no puede evitar ser propenso a cometer malas acciones, nos dice la jurisprudencia más conservadora y favorable a la pena de muerte: así como un tumor maligno no se puede curar, sino sólo atajar con el bisturí o mediante las armas químicas, así hay que proceder con los malignos recalcitrantes.

La cualidad del mal era la malitas, -atis, de la cual deriva el español maldad. Malitas evolucionó más tarde a malitia, de la cual viene malicia. Así que ya ven que, en origen, ambas palabras significaban lo mismo, tener el pensamiento, muchas veces oculto y simulado, de hacer el mal, pero el sentido ha variado hoy día: el mal puro, la perversidad, la intención de hacer un terrible daño, incluso el crimen, es propio de alguien que actúa con maldad; la malicia, por su parte, ha quedado reducida cada vez más a la picardía, la travesura, la diablura, la jugarreta, algo que causa poco daño o que es, en última instancia, inocuo.

Las acciones malas y criminales son propias de alguien malvado. Esta palabra procede del latín tardío malvasius, pero no está clara su etimología. Para unos proviene de male levatus, “mal llevado”, es decir, que lo han introducido en el camino del mal y ahora no sabe ni quiere salir de él. Para otros, procede de male vatius < male fatius, “mal torcido”, es decir, que iba por el camino recto, la senda del bien, pero en un momento dado se desvió al lado oscuro. Y una tercera explicación lo hace derivar del germánico balvasi, “perjudicial, pernicioso”. Sea como fuera, malvado ya no es sólo el que comete malas acciones, sino también el que las piensa o está inclinado hacia ellas de nacimiento. Pero así como maligno o malicioso tienen hoy día las connotaciones positivas de “pícaro, burlón”, creo que a pocos de ustedes les guste que la gente les tilde de malvados. Y no, la malvasía no es la bebida favorita de los malvasios o malvados: es una trasliteración de Monemvassía, la bellísima ciudad del sur del Peloponeso de donde es natural ese tipo de vino blanco.

Como última curiosidad, podemos añadir que alguien que se comporta mal, en el sentido moral, se dice que tiene una mala costumbre, un mal hábito, como soltar tacos o sonarse los mocos encima del plato de sopa. Curiosamente, en otras lenguas románicas la expresión male habitus, contraída en malhábitus > malabtus > malaptus, se convirtió en el francés malade y el catalán malalt, que significan “el que tiene un mal físico”, es decir, el enfermo.

Anuncios