Es bien sabido que el acto fundamental de las Navidades es la reunión familiar en Nochebuena, en la cual ves a gente con la que apenas tratas el resto del año, o estás harto de toparte cada fin de semana (si es que no convives con ellos, por supuesto). Es una fiesta que se espera con alegría o resignación, lo cual va por barrios, y también suele depender de con quien te toque cenar esa noche. Hoy vamos a tratar de la parentela de tu cónyuge.

Encabezando la mesa, mirándote de manera que él pretende ser amable y afectuosa, pero que tú sabes que es suspicaz y algo despreciativa, se sienta tu suegro. Ha bebido bastante y está contando anécdotas de emigrante en la postguerra, una época muy dura y llena de privaciones, pero que acepta con la satisfacción de ver a su prole sana, crecida y en buena situación económica, gracias a él. Sus hijos se burlan de sus batallitas, y de que pretenda concluir que él salió adelante por sí solo mientras que ellos han vivido entre almohadones. Te animan a unirte a sus chanzas, pero tú no lo harás, porque sabes que suegro viene del latín socrus < socerus < svocerus, y éste a su vez de una antiquísima palabra indoeuropea, svasuras, que significa “Su Señoría”. Entre los antiguos arios existía un profundo respeto por el padre de la mujer, y no digamos por el del marido, en cuya casa solía vivir la esposa como huésped. Así que no se te ocurra bromear con tu suegro incluso aunque él te lo pida, como tampoco lo harías con Su Ilustrísima el obispo, ni con Su Alteza el príncipe.

De modo que con una sonrisa te zafas de la trampa que pretenden tenderte tus cuñados para desprestigiarte ante Su Señoría, y los miras de reojo. No se puede escoger a los parientes, y menos aún a los que te vienen impuestos. Y con horror te das cuenta de que cuñado procede de cognatus, y significa “nacido a la vez”, es decir, “consanguíneo, nacido de tu mismo antepasado”. ¿Esos gilipollas comparten tu sangre, tus mismos abuelos? Hoy día no, afortunadamente, pero en un principio los cuñados eran los consanguíneos de la esposa en cualquier grado, ya fueran hermanos o primos segundos, y por afinidad se convertían en parientes del esposo. A su vez, para dejar bien claro que el linaje se transmitía por línea paterna, los parientes por parte de padre recibían un nombre especial: eran los agnados, del latin agnatus < ad gnatus, “los nacidos cerca”.

Absorto en tus reflexiones, no te das cuenta de que los sobrinos de tu cónyuge han iniciado una guerra de langostinos, y antes de que concluya con una bofetada tienen tiempo de arrojarte una cáscara en plena cara. Angelitos, dicen todos ante su bramido de lágrimas; hijos de puto, piensas tú, al fijarte en que son hijos de un hermano de tu cónyuge. Pero eso contraviene la etimología, porque sobrino es un apócope de consobrino, el cual es una contracción de consororinus, que significa “nacido de la hermana”. En latín, hermana se decía soror, de donde proviene el francés soeur > sor “monja”. A su vez, soror deriva de sosor < svosor, que a su vez procede de otra palabra indoeuropea, svasutri, que significa “su nacida”, o más propiamente “congénita”. Puedes reconocer esta palabra en otra muy conocida, la inglesa sister, del germánico swestar.

Es curiosa la historia de sobrino. La mayoría de las lenguas han usado para esta acepción la raíz de la cual procede el latín nepote, que originariamente significaba “nieto, descendiente”, y que encontramos en el inglés nephew, por ejemplo. Ya sabrán que nepotismo es el favoritismo con los sobrinos, y por extensión con toda la parentela. A su vez, consororinus se contrajo en cosrinus, del cual procede el francés e inglés cousin, y pasó a significar tanto la relación de los sobrinos con sus tíos como la que tenían entre ellos. Pero hay muchos grados entre los sobrinos, y ya en francés tenemos la expresión premier cousin, que pasó al castellano como “sobrino primo”, y después se redujo a “primo”, reduciendo su significado meramente al de relación entre los sobrinos.

Uno de esos monstruos te llama tío, y sin querer te palpas el pecho para comprobar si te han salido mamas. Porque tío proviene del latín thius, y este a su vez del griego theios, derivado de thetios, de la misma raíz que titthe, “mama, teta”. Un tío en realidad es una tía, una nodriza, porque las hermanas de la esposa solían ayudarla en la tarea de amamantar a los bebés. Tío es una derivación posterior, ya que al principio se le denominaba con el severo nombre de patruus, procedente de pater, “padre”.

Uno de tus cuñados ha visto tu gesto y se burla a tu costa con tu cónyuge. A ti te repele, pero es su hermano y ella le adora. En latín se decia frater, de la misma raíz que el inglés brother, y originariamente significaba “el que sostiene, el que sustenta, protector”, dando a entender que todos los hijos del patriarca tenían la obligación de encontrar alimento para la tribu. Semejante acepción te parece ridícula para ese imbécil que nunca tuvo que buscarse la vida. Ni siquiera consideras apropiada para ese cornudo otra acepción, “marido”, porque en las familias antiguas el esposo debía velar por el alimento y seguridad de las mujeres. Con las familias patriarcales, donde se juntaban hermanos y cuñados, la denominación de frater podía aplicarse a cualquiera de ellos. ¿Te imaginas ser hermano de tu cuñado? Afortunadamente, más tarde se extendió el apelativo frater germanus, es decir, hermanos del mismo germen, de la misma semilla (o sea, del mismo semen), que con el tiempo se redujo a germano > hermano.

En ese momento, Su Señoría, tu suegro, te hace el honor de dirigir sus sabias y profundas palabras hacia ti, y te pregunta “hijo, ¿y para cuándo me daréis un nieto?”. Te quedas sin responder durante unos segundos mientras esbozas una sonrisa de conveniencia. Sabes que algo no concuerda en esas palabras que dirige a su yerno. Porque esa palabra deriva mediante trasliteración del latín genro < generum, que según algunos pertenece a la misma raíz que generar: es decir, que es el yerno, más que los propios hijos, quien tiene la misión de procrear vástagos para el patriarca. Pero en realidad tú sabes que generum es una derivación de gemerum, palabra que proviene del verbo griego gamo, que significa “unirse, casarse” (como en poligamia). El generum, el yerno, era en principio todo aquel que emparentaba con una familia por medio del matrimonio, incluidos los suegros y cuñados, pero al final su significado se redujo al de hijo político. De modo que, con el respeto debido a Su Señoría, le respondes mansamente que no mereces de ninguna manera que te llame “hijo”, y que de los nietos Dios proveerá.

Tu suegro se dirige entonces a una de sus nueras y le formula la misma pregunta. Tú sonríes porque en este caso el apelativo de “hija” está justificado. Nuera deriva del latín nurus, que no tiene ninguna relación con nupcia “boda” ni con núbil “joven casadera”. Nurus es una derivación de nursus < snursus < sunusus, una palabra del latín primitivo emparentada con el inglés son, “hijo”, y que significa “hija, hijastra”.

¿Has tenido bastante por esta buena noche? Quizá entonces no quieras saber que abuelo viene de aviolus, diminutivo de avus, que literalmente significa “el protector” o “el predilecto”. Ni que otro diminutivo de este mismo, avunculus, pasó a significar “tío materno”, y derivó en el francés oncle y el inglés uncle. Ni que nieto, como ya hemos visto, deriva de neptus < nepote, “descendiente”. La cabeza te da vueltas de tanto mirar a tus parientes e intentar recordar sus nombres y lo que significan. De modo que olvida todo esto, sigue disfrutando de la reunión, y procura pasar el trago cuanto antes, que mañana será otro día.