La etimología de puta es una de las más disputadas del diccionario. Muy probablemente es una mezcla de palabras muy semejantes cuyos significados se han fundido de mala manera en uno solo.

Por un lado tenemos el verbo latino putare, “pensar, juzgar”, del cual derivan otros tan conocidos como imputar “pensar en otro > culpar”, computar “pensar en conjunto > contar”, disputar “pensar por separado > enfrentarse”, reputar “volver a pensar > juzgar la calidad de algo o alguien”. También deriva el adjetivo putativo, “reputado o tenido por padre, hermano, etc. no siéndolo”. De este verbo algunos piensan que podría haber derivado la expresión putata > putada, reputada, es decir, las mujeres de las que se pensaban que eran prostitutas. Pero esta explicación es un tanto rebuscada, y sólo se mantiene para hacer juegos de palabras sobre la reputación de las putas.

Más sentido tiene creer que viene del latín puta, “muchacha”, que a su vez deriva de una antigua raíz pu-, “engendrar, procrear”, y que podemos encontrar en puer “niño”, pubis “región de los genitales”, púber “niño que empieza a desarrollar los genitales”. También nos encontramos con pre-putium, “prepucio”, el colgajo del pene que también se circuncidaba cuando excedía demasiado a los niños grecolatinos, y no sólo a los judíos; así que el prepucio puede indicar lo que existía cuando los pueres “niños” aún no eran putos “muchachos”. Pero por otro lado hay que tener en cuenta que ese mismo verbo del que hemos hablado antes, putare, significaba originalmente “limpiar, aclarar”, del cual deriva el español podar, “limpiar el árbol cortando las ramas”. De modo que el prepucio era lo que estaba antes del corte, de la limpieza del pene, de la fimosis sin anestesia.

Así pues, una puta sería originariamente una muchacha, tal vez esclava o mendiga, que vendía su cuerpo ¿para putar-putear, para limpiar al cliente? Quizá todo lo contrario, porque a la par que putare, los latinos contaban con el verbo putere, del cual deriva el poco usado pudir, “oler mal”. Si les digo que ese verbo estaba emparentado con putrere “pudrir”, y que el adjetivo putridus “pútrido, podrido, corrupto, corrompido” también se podía decir putidus, tal vez entiendan a dónde voy a parar. Una puta sería una pútida, palabra que en lengua romance derivó a putda > putta, y de ahí nuestro pocha. Y teniendo en cuenta que, en italiano, puta se dice putta, lo cual no tendría sentido si viniera del latín puta “muchacha”, creo que la explicación más razonable es que una puta es una putta, sea o no puta: una mujer podrida, sea o no muchacha. Una mujer que se ha corrompido hasta el extremo de vender su cuerpo, y que te puede contagiar su putrefacción en forma de enfermedad venérea.

Pero la mezcolanza entre putta y puta, corrupta y muchacha, se manifiesta en putana, forma catalana que antes también se usaba en castellano: de ahí vienen el castizo putañero, ahora putero. Putana deriva de puta, “muchacha”, y el putañero era el que iba de muchachas, es decir, el mujeriego. Pero debido a la fusión con putta, la putana se convirtió en meretriz, y el putañero en frecuentador de putiferios… o mejor dicho, de prostíbulos. Un putiferio no es una casa de putas, significado que ha cogido por asimilación tal vez con monasterio, “lugar de monjes”, o dicasterio, “lugar de justicia, juzgado”. Putiferio deriva de puti(dus), “podrido, hediondo”, y ferium, palabreja derivada de ferre “llevar” o fare “hablar”: palabrería soez, obscenidad, caca culo pis, en suma.

¿Tenían pudor, las putas? Por un lado diríamos que sí, ya que pudor viene de putor, “hedor”, que es la cualidad de las putidas o puttas. Pero por otro habremos de concluir que no, ya que pudor viene también del latín homónimo pudor “modestia, recato”, que originariamente significaba “vergüenza“. Las putas eran unas impúdicas sinvergüenzas, que lucían sus vergüenzas (o sea, sus partes pudendas) sin mostrarse pudibundas. Hay quien golpea a las putas para excitarse o como señal de dominio. Quizá lo hicieran al principio como medio de inculcarles pudor, ya que esta palabra significaba originariamente “no tener coraje, estar abatido, estar golpeado”.

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