El oro expresa sentimientos, dice un eslogan publicitario. Su brillo, su escasez, su fácil manejo y ductilidad, el hecho de que sea prácticamente indestructible, han alimentado la codicia humana desde tiempos remotos. Es el metal de los dioses y de los reyes, de las reinas y de las cortesanas. El deseo de poseerlo, incluso de crearlo, ha fomentado la guerra y la ciencia, la historia y la alquimia. ¿Qué nos puede decir la etimología sobre él?

La palabra oro proviene del latín vulgar orum, que era una contracción del clásico aurum, el cual a su vez proviene de un antiguo ausrum < ausum. Sí, la “s” se puede convertir en “r”, por increíble que resulte. En otro post ya les hablé con más detalle de estas asombrosas transformaciones fonéticas. Básteles saber por ahora que la “s” primitiva no se pronunciaba como ahora, sino de un modo mucho más sibilante, “shhh”, parecida a la forma que tienen los argentinos de pronunciar “yo”. Ese sonido evolucionó hacia otro de transición, que los latinos representaron como “sr”, los polacos como “rz” y los checos como “ř” (como en el músico Dvořák, pronúnciese “duóryak”), antes de diferenciarse definitivamente en la “r” y la “s” actuales.

Ausum proviene de una antiquísima raíz indoeuropea, aus-, que es un alargamiento de otra más antigua, us-. Podemos encontrar esta raíz en lenguas muertas como el sánscrito, y en otras actuales pero que mantienen, fosilizados, los sonidos y formas gramaticales del antiguo indoeuropeo, tales como el letón y el lituano. Estudiando estas lenguas, llegamos a la conclusión de que la raíz us- significaba “luz, claridad, resplandor”. Una de las comparaciones típicas en poesía es que el oro son las lágrimas del sol; y que, debido a que el sol fue siempre la representación de la divinidad, esa era la razón por la cual el oro se asociaba siempre a los dioses y la religión. Pero esto es una simbología posterior, porque el oro nativo, el que se encuentra en los ríos, no brilla con una intensidad semejante al del sol, tal como se nos muestra en las joyerías después de mezclarlo con cobre o plata. Tiene un brillo mucho más apagado, que es el que los antiguos veían en el cielo al despuntar el día, cuando aún no había salido el sol por el horizonte. En suma, que la raíz us- > aus-, y la propia palabra ausum > aurum > oro, nos remiten a la aurora < ausrosra < ausosa (y no al revés, como se creía antiguamente que aurora era una contracción de aurea hora, “la hora del color del oro”). El dorado, el color del oro, es el color de la mañana, entendida ésta como el rato que media desde que la claridad comienza a inundar el cielo hasta el momento en que brota el sol, y desvirtúa esa magia con sus brillantes rayos de color naranja y amarillo.

La aurora es la claridad que precede al sol, y como tal surge en el Oriente. No, oriente no procede de ningún *aurente ni está relacionado con aurum, sino que viene de una raíz que significa “brotar, nacer”. Pero en las primitivas lenguas germánicas, el oriente se denomina austo, de la misma raíz aus-, que en alemán moderno dio en ost, en inglés east, y en castellano este. El equivalente latino de austo es auster, en castellano austro. El austro era en su origen el viento que procedía del Este. Pero para los primitivos romanos, la península italiana no tenía un inclinación diagonal hacia el Sudeste, como es en realidad, sino que estaba situada verticalmente sobre el mar. De forma que, para ellos, el viento que en realidad venía del Este, del Adriático, parecía venir del Sudeste e incluso del Sur, por lo que al final el austro se convirtió en el viento del Sur, y su derivado austral pasó a significar “del Sur, meridional”. Y como del Sur viene el calor y la sequía, otra palabra emparentada con austro, austerus > austero, pasó a significar “árido, reseco”, y por extensión “severo, riguroso, áspero”. No obstante, a veces el significado original vuelve a brotar como en el caso de Austria, forma latina de Osterreich, “Reino del Este”.

El equivalente griego del austro es el euro, de euros < eusros < eusos, de la misma raíz aus-, y que significa también “viento del Este”. Pero de euro no parece provenir Europa, puesto que esta palabra siempre ha tenido la connotación de “Oeste, Occidente”, ya desde los tiempos de Homero. La explicación tradicional es que Europa (en griego Europs) es una contracción de eurys “ancho” y ops “cara”, y que haría referencia a la parte continental de Grecia, en contraposición a los archipiélagos del Egeo. Otra teoría es que proviene de una palabra fenicia, erebu, “puesta de sol, Oeste”, que aunque podría ser la correcta por el significado, no está claro cómo podría haber derivado a Europa.

Ya ven cómo hemos desviado el camino, del oro a la aurora, y de ésta al euro, unidad monetaria como antes lo fue el metal amarillo. Los caminos de la etimología son inescrutables. Otro día les hablaré de cómo se dice “oro” en griego o en inglés, y que ha tenido curiosas derivaciones en el castellano. Ahora cojan el crucifijo o el anillo de bodas, esperen al próximo amanecer sin nubes, y colóquenlo frente a ustedes, a ver si son capaces de distinguir su color del de la aurora.

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