No hace mucho que Europa cuenta con un nuevo país, Montenegro. En serbocroata, ese topónimo se dice Crna Gora, que significa literalmente “monte negro”. Pero en inglés no se traduce por Blackmount, ni en francés por Montnoir, ni en alemán por Schwarzenberg, ni en italiano por Montenero… En todas ellas, antes de su independencia el nombre oficial era ése tan español de Serbia and Montenegro, Serbie et Montenegro, Serbien und Montenegro… ¿Qué exótico suena, verdad?

¿Cómo es posible que un nombre español sea el topónimo internacional de un territorio que nunca perteneció al Imperio español? ¿Vendrá del latín? No, porque entonces sería Monteníger o Montenigro, y además, en la época romana ese país se llamaba amorfamente Iliria. ¿Vendrá del portugués? No, porque el único lusitano que han visto por allí ha sido a Saramago haciendo turismo. Su etimología tiene que ser española, ¿pero cómo es posible? ¿Quién anduvo por allí y dejó tanta huella como para imponer su lengua en el topónimo?

Entonces la imaginación se desenfrena y nos acordamos de los Almogávares, y sus correrías por el Imperio Bizantino, los ducados de Atenas y Neopatria, la conquista de Albania… ¿Llegaron hasta Montenegro? Yo qué sé, pero si tomaron Albania es lógico pensar que fueron un paso más hasta el vecino país, ¿no? ¿Pero en catalán no se dice Montnegre? Bueno, sí, pero quizá fueran catalanes de Ponent, mestizos de aragoneses que iban a llamarlo Monnegro, hasta que se dieron cuenta de que los Monegros sólo pueden estar mirando al Ebro y no al Adriático.

En fin, desengáñense, caballeros. La huella que Roger de Flor dejó en las tierras saqueadas fue bastante efímera, y en el caso de los topónimos, nula. La palabra Montenegro deriva del país que se enseñoreó de las riberas del Adriático durante la Baja Edad Media y el Renacimiento, hasta el punto de imponer su cultura y cambiar topónimos. En una palabra, hablamos de Venecia.

¿Pero en Venecia no se habla italiano? ¡Entonces tendría que ser Montenero, hombre de Dios! Sí, ahora mismo en Venecia lo que se habla es el dialecto toscano. Pero en aquella época se hablaba el veneciano, una de cuyas particularidades era que negro se decía igual que en español. Ahora esa cualidad está prácticamente perdida, e incluso hablando en dialecto se dice nero como en italiano. Pero los ecos de su vieja lengua perduran en Montenegro y Albania.

¿Se acuerdan ustedes de Nicholas Negroponte, el gran gurú de Internet durante los años 90? Su apellido hace referencia a la alargada isla griega de Eubea, cerca de Atenas. Alguien le cambió el nombre durante el Imperio Latino de Oriente, y no la llamó Neroponte, ni Negropuente, ni Negrepont… Una vez más, fueron los taimados venecianos.