Se creen ustedes muy machos, ¿verdad? Alardean entre sus amigos de que son capaces de efectuar varios coitos completos en una sola noche; o acosan a sus compañeras con miradas que dicen “tres sin sacarla”. ¿Pero ya saben qué significa eso? ¿Que son capaces de eyacular tres veces seguidas? ¿Que pueden hacer que su pareja descubra que es multiorgásmica? ¿Que han realizado un múltiple metesaca en seco? Ahora se van a enterar, espabilados.

La palabra coito (con acento en la “o”, no es *coíto) deriva del latín coitus, que significa “unión”. Dos animales superiores se acoplan (copulan < copulare < co apula “ligazón conjunta”), tal vez se emparejen en el futuro, pero de momento sólo se han apareado (es decir, se han vuelto un par; olviden los tríos, degenerados). ¿Pero hay que emitir fluidos o no? La etiología tradicional nos dice que los animales sólo copulan para engendrar fotocopias, de modo que habrá que concluir que sí, al menos por parte del macho. Sin embargo, ahora sabemos que muchos animales practican sexo por mero placer y juego; y, por supuesto, el folleteo con mero objetivo reproductivo tiene poco crédito en estos tiempos previos al Segundo Advenimiento. Con lo cual la pregunta sigue en el aire: ¿es completamente necesario que el hombre eyacule para efectuar realmente un coito? Y, sobre todo, ¿es imprescindible que la mujer tenga un orgasmo?

La clave puede residir en la etimología. Sepan ustedes que coitus deriva de co itus, donde itus es el participio de verbo ire, “andar, marchar, ir”. De modo que el coito es el co-ido, lo andado en común, adonde se va juntos y en unión. ¿Y a dónde se va? ¡Oooh, frena, no vayas tan deprisa, que me voy! Se van por la pata abajo, ¿verdad?, ya no pueden detenerlo por más tiempo. Con lo cual, si “irse” es sinónimo de “correrse”, irse juntos, co-ir, tener un coito, sólo llega a su meta cuando se corren juntos, preferiblemente de manera simultánea.

¿Ha quedado claro? Así que rehagan las cuentas de sus “éxitos” anteriores, y descuenten todas aquellas ocasiones en las que dejaron a su pareja insatisfecha; y acto seguido, todas aquellas veces en las que ustedes aguantaron la noche entera sin eyacular hasta el final, mientras ella gritaba una y otra vez. Así no vale, listillos: deben inseminarla tantas veces como ella tenga un orgasmo, y acto seguido volver a enderezar el mástil en cuanto ella reclame de nuevo su atención. De modo que no presuman de que han logrado volver multiorgásmica a su pareja, si en verdad luego quieren jactarse de que son capaces de realizar varios coitos seguidos.

Por cierto: un sinónimo de coito es coyunta, una palabra que no existe propiamente, sino que se inventó como contraria a descoyuntar, y como variación de coyunda < cum iungula, “unión [conyugal]”. Descoyuntar es desencajar las junturas del cuerpo, desmembrar, sacar un miembro, así que coyuntar se podría definir como enmembrar, meter un miembro. En realidad, coyuntar es una evolución vulgar del cultismo conjuntar, y una coyunta sería lo mismo que una conjunción, como la de los astros en el cielo que tanta alarma y pavor provocan a los crédulos. Quizá sepan que, según el mito, la Vía Láctea nació de los pechos de Hera en el momento en que los apartaba de los morros chupones del bebé Hércules, a quien el putañero de Zeus había colado tras engendrarlo en uno de sus múltiples coyundas extraconyugales. Tal vez fuese un mito políticamente correcto, y en realidad la Vía Láctea naciera de una conjunción entre Júpiter y Venus… o entre Júpiter y Saturno, que todo es posible.