Vamos a tratar algo muy sabroso: el origen de la palabra latina fémina, vulgo hembra (femina > femna > femra > fembra > hembra). Aquí les traigo unas cuantas explicaciones, que podrán dar a su partenaire estable u ocasional según las circunstancias, para extraer el máximo beneficio. Y tengan en cuenta que no son teorías inventadas por mí, sino que cuentan con una larga y egregia autoridad.

– MOMENTO MARUJA: los latinos no tenían el prurito de virginidad incontaminada con que nos revestimos en estos tiempos de inmigración, sino que estaban muy orgullosos de haber recibido múltiples influencias de otros pueblos, que luego habían sabido amalgamar y subsumir en algo propio. En particular, sabían bien que su lengua tenía una gran influencia del griego, lo cual les llenaba de orgullo por el prestigio cultural de los helénicos. De hecho, el mito virgiliano de la Eneida, según el cual los romanos descendían de los troyanos exiliados, era bastante antiguo.

Así que una de las explicaciones que dieron es que fémina provenía del verbo griego femi, el cual significa “hablar”. Podemos encontrar este verbo en palabras como profeta (“el que habla hacia adelante, el que proclama algo”). Los gongorinos encontrarán resonancias de ese verbo en el cíclope Polifemo, “el que habla mucho, el parlanchín”. Y la palabra con más fama derivada de ese verbo es, justamente, fama: “aquello de lo que se habla”.

De modo que ya tenemos la primera explicación: los latinos ya se dieron cuenta de que las mujeres eran unas cotorras de charla insustancial y saturante, sólo interesadas en comentar lo que ya está en boca de todo el vecindario, en contraste con la gravedad de los Patres Familiae, que sólo hablaban cuando era necesario y con las palabras justas para manifestar su pensamiento.

– MOMENTO MACHISTA: fémina derivaría del latín fámula, femenino de fámulo, el criado o esclavo de la familia. De hecho, la palabra “familia” designaba inicialmente el conjunto de fámulos o esclavos de la familia. Es una interpretación plausible: las vocales “u” e “i” son muchas veces intercambiables, y “fá” puede derivar a “fé”. Que de fémila se pase a fémina es más difícil, pero ahí nos ayuda el adjetivo femenil, que posiblemente sea una palabra de transición entre ambas.

Así pues, una fémina no es más que la criada de su señor, destinada a obedecerle y cumplir todas sus órdenes, sabiendo bien que, aunque el hombre la acoja en su hogar, siempre estará un peldaño o dos por debajo de él.

– MOMENTO SESSUARL: el mismísimo San Isidoro de Sevilla, en sus “Etimologías”, ya nos informa de que fémina procede del griego antiguo foema, “energía fogosa, fuerza ígnea”, palabra relacionada con fotos, “luz”, debido a la intensidad del deseo en la mujer, mucho más concupiscentes y libidinosos que los machos, sean hombres o animales. Así que cuando el orgasmo de su compañera supere los niveles permitidos de decibelios, o le persiga por toda la casa con la lujuria pintada en las bragas, siempre podrá decirle que se comporta como una auténtica mujer… y lo contrario cuando no lo haga. Aun mejor, usted siempre podrá excusar su impotencia e inapetencia con el argumento de que la naturaleza no le creó tan lascivo, y ni le dio un nombre que hiciera referencia a ello.

– MOMENTO INTELECTUAL: derivado de lo anterior, una vez ella le haya mostrado los senderos que conducen al éxtasis, durante el pitillo postcoital podrá usted decirle que, debido al fuego que arde en su interior, “las mujeres serían, por lo tanto, seres que tendrían una atracción “natural” hacia los bienes sensibles y, de forma especial, una inclinación a los placeres sexuales. Por tal razón, era una necesidad para la sociedad el gobierno de su cuerpo. De ahí que se planteara la idea que las mujeres estuvieran guiadas por el cuerpo y no así por la mente. Así, el alma en las mujeres -que estaba en absoluta relación con la mente- para los ideólogos misóginos de la iglesia católica tuvo por siglos dudosa existencia.”

– MOMENTO TIERNO: si en vez de follar sólo quiere hacer el amor, puede usted acariciarle los muslos e indicarle que femina procede de femur, porque es el que esconde su sexo delicado, el cual procederá a rozar suavemente mientras ella deja escapar un leve gemido de novicia…

– MOMENTO MATERNO: cuando usted sueñe con ver abombado el vientre de su compañera, y le frustre el no verlo por más que se empeñe en el lecho, puede explicarle que femina procede de la raíz indoeuropea dhe-, luego evolucionada a fe-, y de la cual procede asímismo fecundo. Fe-mina significa literalmente “la que amamanta”, dando a entender que la mujer es la que da vida, la que nutre, la que genera. Y el feto no es más que el producto de esa feminización. Así que ya puede tomar medidas para preñarse de una vez, ya que el destino primordial de la mujer es ser madre, como bien indica su nombre.

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